El título cinematográfico es de James Marsh y lo protagoniza con maestría Gabriel Byrne en el papel del literato.
Aunque este escritor, Samuel Beckett, en torno al que gira el film ya dijo que
«Cada palabra es como una innecesaria mancha en el silencio y en la nada», parece que el juego de espejos que el retrato en reflejo proporciona, duplicando al actor que lo representa en un monólogo dialogado cargado de trascendentes sutilezas personales, aporta algo más que manchas. Tanto la música como la fotografía van simulando en la gran pantalla la evolución que el propio cine siguió durante el trascurrir de los años que duró este autor en el mundo. Subrayamos en este aspecto el uso del blanco y negro en la primera parte concentrando al espectador en una sobriedad escénica y dramática de singular experiencia que posiblemente emula la austeridad angustiosa del teatro del absurdo que él acuñó.
Posiblemente la mejor manera de homenajear al polifacético irlandés Samuel Beckett (poeta, dramaturgo, novelista, crítico) consista en ver el mismo día en que se cumplen 34 años de su muerte esta especie de biopic o biografía en un largometraje que se hace corto.





























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